martes, 1 de mayo de 2012

CARTA DEL DR. ELIGIO AYALA

EXORDIO.
El texto más abajo publicado, corresponde a la rica literatura epistolar de este ilustre hombre paraguayo.

Fotografía del Dr. Eligio Ayala

SEMBLANZA DE ELIGIO AYALA.
Nacido en Mbuyapey, 1880, fue Político paraguayo, y Presidente de la República en dos períodos (de abril de 1923 a junio de 1924 y de agosto de 1924 a agosto 1928). Ayala es una de las figuras principales del "período liberal", y hoy se lo recuerda más por sus ideas humanistas que como político. Estudió derecho y enseñó en el Colegio Nacional. Perteneció al Partido Liberal desde su juventud.
Participó en la revolución de 1904, y en 1911 intentó detener un golpe militar dirigido por el coronel Albino Jara. Fue exiliado a Europa, donde estudió y viajó hasta 1919. A su regreso, se entregó de lleno al periodismo y a la política. De esta época se lo recuerda como un escritor y editorialista brillante. Escribía y hablaba en cuatro idiomas, aparte del guaraní y del castellano. También fue elegido miembro de la cámara de diputados y en 1920 designado ministro de Finanzas bajo los gobiernos de Manuel Gondra y su primo Eusebio Ayala.
Asumió la presidencia de la República tras la renuncia de este último, y fue ratificado en las urnas en las elecciones del mismo año. Para muchos, fue el mejor presidente del "período liberal". Adoptó una política de reconciliación nacional y declaró una amnistía política. Fue el primer presidente en completar su período de gobierno y pasar el bastón de mando a otro presidente electo, José Patricio Guggiari. Fue ministro de Finanzas con este último hasta su muerte el 24 de octubre de 1930, en un crimen pasional. Al morir se supo que entre sus pertenencias sólo existían una humilde casa, su biblioteca y una modesta cuenta bancaria.


TEXTO DE LA CARTA DEL DR. ELIGIO AYALA.
A sugerencia de un querido colega, vierto al blog, el texto de esta carta, cuya actualidad y vigencia, no se han desteñido ni en su época ni en la nuestra, pues parece escrita ayer.



REFLEXIONES SOBRE POLITICA NACIONAL

Para fabricar salchichas se requieren aptitudes especiales; para ser legislador o ministro en el Paraguay el talento y los conocimientos son superfluos. La preparación, el carácter, la honestidad a veces estorban. Valen más ciertas contorsiones y genuflexiones del cuerpo que veinte años de estudios, que la decencia y la probidad.
Los que ocupan los puestos públicos creen saber todo, se creen aptos para todo, pierden la conciencia de la propia ineptitud.
En el Paraguay para brillar con reputaciones falsas basta ser diputado, senador o ministro. Luego, es lógico que la pasión dominante sea la de adquirir esos puestos y conservarlos y que para eso en vez de estudiar, de prepararse y dignificarse, se adule, se intrigue o se implore servilmente. Por esta razón la mayor parte de los que ejercen los elevados cargos políticos son los verdaderos arribistas petulantes. Todas las magistraturas han sido profanadas por la inepcia más franca y por la nulidad más absoluta. Así se ha llenado el Parlamento y los ministerios de aprendices, que se instruyen en almanaques del año pasado y destrozan la actividad económica nacional con sus caóticas y torpes ensayos legislativos.
Todo se hace al azar, por tanteo, por instinto como en un acceso de sonambulismo, todo se reforma sin necesidad y nada se reforma de lo que es preciso reformar.
En un mar flotante de pasiones y apetitos, sin principios directores, sin sistemas, sin conocimientos, sin brújula, la intervención del Estado en la esfera económica se ha convertido en un oportunismo de detalle, de expediente, al día, que libra la economía nacional al capricho de los intereses particulares pequeños del presente.
No se respeta el mérito, no se desprecia el vicio, nadie se indigna sinceramente contra la injusticia, nadie es justo. Los culpables pierden la conciencia de sus faltas, los hombres virtuosos, el pudor, y los partidos su nobleza. Buenos y malos viven en cada partido en una camaradería hipócrita, sin sinceridad, sin confianza recíproca, sin gratitud, sin generosidad. El interés los divide y los une y reconcilia sucesivamente.
Los enemigos de ayer conspiran juntos, los amigos de hoy se venderán mañana. En vez de partidos se forman círculos esporádicos y convulsivos de pequeños ambiciosos.
Los partidos tradicionales en vez de ser útiles a la patria, utilizan la patria; en vez de servir sanos intereses nacionales en el gobierno, hacen que el gobierno les sirva a ellos.
                                                                                                         Eligio Ayala
                                                                                                                    Berna, Suiza, 1915

CONCLUSIONES.
Con estas palabras tan actuales, no es de extrañar que su lectura y reflexión, en la mente y alma de cada uno de ustedes, logre despertar pasiones y pensamientos encontrados.
Eligio Ayala, el Estadista, como pocos que tuvo en su azarosa vida política el país, ha logrado permanecer impertérrito, incólume e intachable, como persona, ciudadano, político y ejemplo de estas y las próximas generaciones.